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viernes, 14 de enero de 2011

El cuadro del verano de 1769

Cuadro de Ramón Bayeu expuesto en el Museo Provincial de Huesca.

En el verano de 1769 el conde de Aranda, ministro principal de Carlos III, solicitó licencia al rey para atender los asuntos relacionados con su hacienda de sus estados aragoneses, y una vez obtenido, se trasladó a Épila, en un viaje que debió resultar para él con evidente carga emotiva. Luego dirigió sus pasos hasta Siétamo, villa cercana a Huesca que le pertenecía y su lugar de nacimiento, para solucionar asuntos concernientes a su administración. La Universidad Sertoriana de Huesca, de la que era mecenas y actual sede del Museo Provincial le quiso honrar, y encargó al pintor Bayeu el famoso retrato que os muestro, y allí al lado del fundador de la universidad el general romano Quinto Sertorio se halla expuesto de manera permanente, aunque en la actualidad está cedido al Departamento de Estado de los USA para una exposición en Washington conmemorativa de la independencia de ese país, en cuyo desarrollo el entonces embajador ante la corte de Versalles francesa, Pedro Pablo Abarca de Bolea, décimo conde de Aranda, jugó un papel decisivo y fundamental.

lunes, 3 de enero de 2011

El futuro pertenece a aquellos con memoria más larga (F. Nietzsche)

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PROYECTO DEL CONDE DE ARANDA

Tras el Tratado de París (1783) firmado con Inglaterra, por el que se reconocía la independencia de las colonias inglesas en la América del Norte, el conde de Aranda dirigió un memorial al rey Carlos III, donde le hacía partícipe de las aprensiones que dicho Tratado le producían: "...ha dejado en mi alma un sentimiento penoso... la independencia de las colonias inglesas ha sido reconocida, y esto mismo es para mí un motivo de dolor y de temor". Pedro Pablo Abarca de Bolea, décimo conde de Aranda, como alto aristócrata de rancio abolengo, y sobretodo como hombre de Estado con las ideas del siglo, reflexionaba muy amargamente acerca del efecto que se derivaría de los Pactos de Familia firmados con Francia, que tan nefastas consecuencias tuvo para España, arrastrada a una guerra contra Inglaterra contraria a sus intereses, que el reconocimiento de la independencia de las colonias inglesas significaba un peligro, para conservar la América española. En su prevención, Aranda recomendaba una solución monárquica:

1- Dividir América en tres reinos: Nueva España, Perú y Tierra Firme.

2- Colocar en cada uno de ellos, como Rey, a un Infante español.

3- El Rey de España mantendría el vínculo de la Corona con estos nuevos reinos en calidad de Emperador.

4- España conservaría Cuba y Puerto Rico.

5- El comercio entre España y los reinos americanos se realizaría en pie de igualdad.

6- Francia proveería las manufacturas de que careciera España.

7- Inglaterra estaría absolutamente excluida.

8- Los Reyes americanos y sus hijos se casarían con princesas españolas; los príncipes españoles se casarían con princesas americanas.

Las prudentes consideraciones de Aranda fueron desestimadas por el monarca borbónico español en la más pura linea inmovilista y reaccionaria de esta dinastía.

“..Que V.M. se desprenda de todas las posesiones del continente de América, quedándose únicamente con las islas de Cuba y Puerto Rico en la parte septentrional y algunas que más convengan en la meridional, con el fin de que ellas sirvan de escala o depósito para el comercio español. Para verificar este vasto pensamiento de un modo conveniente a la España se deben colocar tres infantes en América: el uno de Rey de México, el otro de Perú y el otro de lo restante de Tierra Firme, tomando V.M. el título de Emperador. (…)“

«La independencia de las colonias inglesas queda reconocida, y éste es para mí un motivo de dolor y temor. Francia tiene pocas posesiones en América, pero ha debido considerar que España, su íntima aliada, tiene muchas, y que desde hoy se halla expuesta a las más terribles conmociones...». Y más adelante: «Jamás han podido conservarse por mucho tiempo posesiones tan vastas colocadas a tan gran distancia de la metrópoli. A esta causa, general a todas las colonias, hay que agregar otras especiales a las españolas, a saber: la dificultad de enviar los socorros necesarios; las vejaciones de algunos gobernadores para con sus desgraciados habitantes; la distancia que los separa de la autoridad suprema, lo cual es causa de que a veces trascurran años sin que se atienda a sus reclamaciones... los medios que los virreyes y gobernadores, como españoles, no pueden dejar de tener para obtener manifestaciones favorables a España: circunstancias que reunidas todas no pueden menos de descontentar a los habitantes de América moviéndolos a hacer esfuerzos a fin de conseguir la independencia tan luego como la ocasión les sea propicia".

Respecto a la nueva nación americana: «...esta república federal nació pigmea, por así decirlo, y ha necesitado del apoyo y fuerza de dos Estados tan poderosos como España y Francia, para conseguir su independencia. Llegará un día en que crezca y se torne gigante, y aun coloso temible en aquellas regiones. Entonces olvidará los beneficios que ha recibido de las dos potencias, y sólo pensará en su engrandecimiento... El primer paso de esta potencia será apoderarse de las Floridas, a fin de dominar el golfo de México. Después de molestarnos así y nuestras relaciones con la Nueva España, aspirará a la conquista de este vasto imperio, que no podremos defender contra una potencia formidable establecida en el mismo continente y vecina suya»

Discurriendo este ilustrado europeo sobre los medios que convendría emplear, para evitar las grandes pérdidas que preveía, proponía al Rey el establecimiento de tres infantes españoles en los dominios de América como reyes tributarios: uno en México, otro en el Perú, y otro en Tierra Firme, tomando el rey de España el título de emperador, y conservando para sí solamente las islas de Cuba y Puerto Rico en la parte septentrional, y alguna otra que conviniera en la meridional.

Los Infantes y príncipes disponibles para 1783 en la Corte de Madrid eran:

· Maria Josefa; (1744–1801)
· El futuro Carlos IV; (1748–1819)
· Fernando; (1751–1825), futuro Fernando IV de Sicilia
·Gabriel de Borbón; (1752–1788), uno de los príncipes europeos más ilustrados de la época.
·Antonio Pascual de Borbón; (1755–1817). Mejor olvidarse de éste.

Los nuevos soberanos y sus hijos deberían casarse siempre con infantas de España o de su familia, y los príncipes españoles se enlazarían también con princesas de los reinos de Ultramar.

«De este modo -decía- se establecería una unión íntima entre las cuatro coronas, y antes de sentarse en el trono cualquiera de estos príncipes, debería jurar solemnemente que cumpliría con estas condiciones».

Y ahora podemos preguntarnos, qué hubiese sucedido, si Carlos III acepta el plan del Conde Aranda.

jueves, 21 de octubre de 2010

Batalla de Almenar de la Guerra de Sucesión Española 1710

En la primavera-verano de 1710 un poderoso ejército borbónico al mando del marqués de Villadarias, y con la presencia del propio Rey Felipe V subía hacia Alfarrás desde Lleida, para atravesar el río Noguera Ribagorzana, y dirigirse hacia Alguerri, Castelló de Farfanya, y posteriormente tomar la plaza fuerte de Balaguer, atravesar el Segre y dirigirse hacia Barcelona por los llanos de Urgell. Por otra parte el ejército austracista de tropas aliadas de Inglaterra Provincias Unidas y Austria que se oponía al mando de Starhemberg, y el propio Archiduque Carlos se dirigía hacia Balaguer desde Barcelona, para defender el valor estratégico de la plaza, atravesada por el caudaloso río Segre. El comandante de las tropas aliadas inglesas James Stanhope se hallaba en la vanguardia con la temible caballería inglesa, se dirigió hacia Alfarrás para la defensa del puente clave. Cuando sus espías le informaron de la falta de prevención del ejército borbónico, pidió permiso a la superioridad para lanzar un ataque sorpresa, y tras varias indecisiones de Starhemberg y el Archiduque Carlos, el conde de Stanhope decidió atacar con su caballería los flancos de la borbónica en el Pla del Sas y el Pla del Fenollet, que los sorprendió produciendo una desbandada en el enemigo. Una ola de pánico se extendió por todo el ejército, y hasta el propio Felipe de Borbón, Duque de Anjou, hubo de huir precipitadamente hacia Lleida. La fotografía está tomada en Almenar desde el Castell de los moros, cerca del lugar en que se produjo la batalla, y la población que se ve al fondo es Alfarrás, desde donde Stanhope accedió al Pla del Sas.

Almenar y la carretera de Lleida hacia el sur, y donde estaba instalado el real del ejército borbónico. Esta es la subida al Pla de Fenollet, donde tuvo lugar el combate. No fue una batalla decisiva, pero si que elevó la moral del ejército aliado, que le permitió luego conquistar Zaragoza, y llegar hasta Madrid. Allí Stanhope, muy a la inglesa, los dejó tirados.

Esta es una vista del Pla del Sas. Para mi historia, un grupo de jinetes de la caballería borbónica llegará en su desbandada hasta Malmazat.

domingo, 5 de septiembre de 2010

El viejo caserón



Había comenzado el relato de esta ficción literaria que me llevo entre manos unas cuantas veces. Intenté hincarle el diente en cada uno de los tres focos, o cráteres narrativos en que la estructuré, con el vigor y miedo naturales que se acometen este tipo de empresas, y no había manera. No me faltaba determinación ni ganas de escribir, podéis creerme; sin embargo cuando alcanzaba la decena de folios, quedaba paralizado como un velero en la alta mar encalmada: ni para adelante, ni para atrás con el subsiguiente cabreo. La mente dispersa perdía el hilo del discurso. Adiós a la determinación, al impulso; y hola al odioso abandono. Tras algún tiempo de rechazo instintivo a cualquier proximidad con el proyecto me sentía mal por mi incompetencia, por esa estúpida parálisis que me impedía situar a unos personajes perfilados y lineas argumentales, que ya tenía bien definidos, en un ambiente que me satisficiera a plenitud. No conseguía fijar en mi mente el ambiente dieciochesco que requiere el relato. Un día fui a una población cercana adonde vivo, para visitar este caserón del siglo XVII de las fotos, que alcanzó su máximo esplendor en el XVIII a raíz del éxito económico y político, cuya obscena intimidad es secular, de su muy alto y muy noble señor dueño aristócrata. Nada más franquear el umbral de la puerta principal, penetré en el ambiente que requería mi pobre historia, cayendo de golpe sobre mi atribulada y estupefacta mirada todo un ambiente familiar del Siglo de las Luces.
Espero pronto tener un buen número de folios en mi documento Word.

sábado, 14 de agosto de 2010

Toison de Oro para el Conde Aranda


En el año 1755 un gran terremoto estremeció toda la costa de Portugal, alcanzando sus temblores hasta la ciudad de Cadiz. Lisboa quedó prácticamente destruída, y la población seriamente mermada por la gran mortandad. La Familia Real portuguesa huyó a uno de sus sitios de descanso del interior en la más absoluta de las penurias económicas, dependiendo de su servidumbre, incluso para conseguir alimentos precisos para la subsistencia. La Reina de España, Doña Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI, pertenecía a esa desventurada Familia Real, de manera que entonces el Rey designó Embajador en Lisboa a Pedro Pablo Abarca de Bolea, X conde de Aranda y uno de los nobles más ricos y poderosos del país. Y hacia Lisboa partió el Conde con 56.000 reales como cincuenta y seis mil soles de su propio pecunio, que aliviarían la situación de los pobrecitos descendientes del Maestre de Avis. Una vez solventado el problema, Abarca de Bolea, harto de contemplar ruinas, miseria y enfermedad, regresó sin perder demasiado tiempo a su acogedor palacio de Madrid. Fernando VI le recompensó con la concesión de la dignidad de Caballero de la Orden del Toisón de Oro por su arriesgada misión. Dignidad que por otra parte el todopoderoso Conde anhelaba añadir a su colección. Y así pasaba a engrosar la lista de eminentes caballeros, siendo el que hacía 750 de ese elenco de eminencias caballeriles, que comenzó en 1429 Felipe III el Bueno, Duque de Borgoña y Conde de Artois, soberano de la Borgoña, quien fundó a imitación de la Orden de la Jarretera inglesa la suya propia, bajo el lema que llevaba en su escudo de armas: "Ante ferit quam flamma micet" (Hiere antes de que se vea la llama). Una de las teorías sobre el significado de la simbología de la figura que se representa en el collar de la Orden, es relativa al cordero llevado al sacrificio, que describe la historia bíblica de Gedeón; hay otra que se refiere a la historia de Jasón y el vellocino de oro. La cuestión es que al Conde de Aranda colgarlo en su aristocrático cuello le costó 56.000 reales, además de andar arrastrado y baqueteado unos meses por infames caminos polvorientos: todo en esta vida tiene su precio.
El Gran Maestre de la Orden es el Rey de España, y la última concesión fue hecha por Juan Carlos I en 1999 a Adolfo Suarez Gonzalez, duque de Suarez y ex-Presidente del Gobierno de España.

lunes, 26 de abril de 2010

Ciencia y crueldad


A lo largo del último año en el Reino Unido han surgido unas noticias que han conmocionado a cierta opinión pública interesada en el siglo XVIII, relacionadas con la paralización de una investigación por parte de las altas esferas, quedando inconclusas, archivadas, durmiendo el sueño de la eternidad entre los legajos de la policía sobre unos oscuros casos de asesinatos, realmente horrendos, crueles, espeluznantes, ocurridos entre 1774 y 1776 en Londres, cometidos sobre jóvenes mujeres desamparadas y solitarias, normalmente putas de la clase baja inglesa, e inmigrantes en la confusa urbe en que se estaba convirtiendo la ciudad durante ese siglo ilustrado debido a una situación de vigoroso crecimiento demográfico. En medio del caos urbano nadie iba a interesarse por una putilla más o menos. Dichas indagaciones llevadas a cabo por historiadores cualificados, personas de solvencia intelectual y moral dignas de todo crédito vinculadas a la universidad de Cambrigde, han relacionado estos crímenes con dos figuras ilustres del siglo XVIII inglés, dos eminentes padres de la Obstetricia y Ginecología modernas: el escocés William Hunter, médico personal de la Reina Charlotte, paridora de infantes para la camada de la realeza hannoveriana, dulce y amante esposa de su marido, el rey Jorge III, aquel de la película "La locura del rey Jorge"; y William Smallie, médico inglés de gran prestigio entre la alta aristocracia e investigador, parece ser que sin ningún escrúpulo por el respeto hacia la vida de sus semejantes. Dos vulgares asesinos en serie al estilo del carnicero de Milwaukee del siglo pasado. Los indicios que llevan hasta estos dos hombres de ciencia son fundados, basados en documentos que se complementan con sus andanzas durante el periodo en que se cometieron los crímenes infames. Estos doctores vivían obsesionados con su aportación al avance de la civilización y por su lugar en aquel orden social, por su brillo social. Obsesión que les permitió superar cualquier repugnancia, ante el indudable vértigo que pueda suponer el hecho de segar una vida joven en plena flor de la vida, y la vida que, a su vez, estaba gestando dentro de su vientre. Estos personajes personajes desalmados eran hombres de bien y de ciencia en la sociedad londinense de la época. Fríos asesinos que ordenaban la búsqueda de cadáveres de jóvenes embarazadas, los almacenaban y los diseccionaban; luego su colaborador y cómplice, el dibujante holandés Jan van Riemsdyck hacía los dibujos como el que veis más arriba. Necesitaban mujeres en avanzado estado de gestación, estableciendo a sus sicarios un baremo de precios por cadáver en relación con el mes en que se hallaban preñadas: nueve meses, muy buen precio; seis meses, más barato. Y los sirvientes de sus opulentas casas se afanaban en proporcionárselos, ansiosos por sacarse un dinerete extra, buscándolas en los abigarrados barrios de putas de la ciudad, en los que abundaban esas desamparadas criaturas, por cuyo paradero nadie iba a preguntar. Sabido es que el avance de la ciencia siempre se ha cimentados sobre cadáveres de personas indefensas de un sistema atroz, y que el ser humano nunca ha sentido en general demasiada compasión hacia sus semejantes. Y si la ha sentido, se ha especializado en disfrazarla. Pero uno se pregunta: ¿era realmente necesaria esa crueldad tan mezquina?. Una mente capaz de trabajar en avances extraordinarios para la Humanidad, ¿ cómo puede tener los bemoles a la vez de ordenar crímenes tan repulsivos?. ¿O actuaban al amparo de la Monarquía para que su factoría particular de bebés ampliara sus horizontes científicos en beneficio propio?. De sus estudios se ha derivado a fáciles partos para las mujeres de hoy en día, eso es obvio. ¿O puede ser que ellos mismo fuesen víctimas del despotismo real, tan imperante en la época?. Aunque también pudiese ocurrir que, además de su aportación al desarrollo de la ciencia, buscasen satisfacer una vanidad extravagante, el culto a un ego desmesurado, el aumento de su prestigio, de su poder, y de paso y a la postre, el ulterior enriquecimiento personal. Hoy, dos siglos y pico después, si las cosas sucedieron como se cree que sucedieron, uno no puede dejar de sentir una enorme desazón: la mezquina crueldad del ser humano sigue siendo capaz de mayor perversidad, con tal de satisfacer cualquier vanidoso ego estúpido. En el siglo XXI, en nombre de la ciencia o lo que sea, existe la esencia de la misma miserable crueldad: siguen muriendo seres humanos por decisión de otros seres humanos, con la misma facilidad de entonces.

martes, 8 de diciembre de 2009

Real Sociedad Económica de Amigos del País, fundada en 1774 en Zaragoza


Este cuadro es obra del fraile Manuel Bayeu, hermano pequeño de Pepita Bayeu, y por ende, cuñado de Goya, realizado en 1776 por encargo y alegoría de la Real Sociedad Económica de Amigos del País que ilustrados dieciochescos aragoneses como Ramón Pignatelli, el Conde de Aranda, el Duque de Villahermosa, Ignacio Jordán de Asso o José Antonio Hernandez y Perez de Larrea habían fundado, y promovido con sus cuotas, para el desarrollo de las ideas del siglo, concretándose en la creación de escuelas profesionales, publicación de libros prácticos sobre industria, agricultura y artesanía, y la defensa de la modernización en todos los campos. Puede decirse que es el primer intento en dejar atrás las tinieblas del Antiguo Régimen, la primera piedra para implantar y desarrollar los avances científicos del Siglo de las Luces.
Harían bien los caducos representantes de la SGAE actual en subirse cuanto antes al tren de las nuevas tecnologías que ha traído el recién estrenado siglo que vivimos, en cuanto respecta al acto de creación y difusión de la obra, y que avanza imparable, sin vuelta atrás posible; y no dar el tijeretazo rabioso que pretenden, para cerrar plataformas de creación y opinión sin autorización judicial, al mejor y más puro estilo censor, tan desgraciadamente familiar para la Historia de los españoles. Su arrogancia es tanta, como la fe que tienen en su lobby de presión cerca del débil gobierno actual, aunque en esta ocasión han topado con un hueso duro de roer, que no es otro que el ansia del ser humano por el saber, la nueva cara de la civilización. Si no se amoldan a los tiempos, están acabados.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Un Ferrari del Siglo XVIII

Este carruaje permanece expuesto en el patio de la casa solariega del ilustre linaje de los Azara dieciochescos en Barbuñales (Huesca). José Nicolás, embajador en Roma; Eustaquio, arzobispo de Barcelona; y el famoso Felix, naturalista precursor de la teoría evolucionista de Darwin. La casa y las fincas siguen perteneciendo a los descendientes quienes, claro, viven en Madrid y siguen explotado la tierra legada por sus ancestros. Fue el administrador del patrimonio de la familia, quien al visitarla me dijo que la había comprado en Roma José Nicolás, gran amigo de Pedro Pablo Abarca de Bolea, conde de Aranda, para utilizarla en el regreso de su embajada ante el Vaticano tras treinta años de servicio, ya como Marqués de Nibbiano, título que le concedió Carlos III, entre otras cosas, por su excelente gestión para conseguir que el Papa firmara la Orden de supresión de los jesuitas en 1773. Y ahí sigue, hermosa pieza de museo de historia.
Puedes imaginarlo viajando por caminos embarrados en medio de condiciones climatológicas imposibles, y piensas que por más que fuese un deslumbrante Ferrari de la época, los viajes debían ser agotadores y penosos.
Fue José Nicolás de Azara un diplomático vitalista, incansable viajero que acabó su vida en la embajada de París en 1803, donde fue enterrado. Aficionado al arte y buen coleccionista, gran amigo de Antón Raphael Mengs, quien realizó un excelente retrato suyo.

domingo, 28 de junio de 2009

Apasionantes lecturas obligadas

Cualquier historia que se precie, aunque sea de ficción, como es el caso, debe ser rigurosa y muy concreta, en cuanto se refiere a los hechos historicos en los que está basada. Voy a intentarlo a tope, en la medida de mis posibilidades. Para ello se requieren larguisimas horas de lectura, búsqueda de datos y mil matices que enriqueceran los personajes y la acción. Pues en ello estoy, en esa fase ardua y apasionante, leyendo historia y urdiendo la posible trama. Busco en Internet (La Enciclopedia del siglo XXI), tratando denodadamente de dispersarme lo menos posible, pues mi inagotable curiosidad me juega malas pasadas.

viernes, 26 de junio de 2009

Primera decisión

Esta tarde mientras estaba sentado en un banco de un parque público, refugiado bajo la sombra de sus imponentes árboles, huyendo de la agresiva inclemencia de los rayos del sol en la canícula, de modo inopinado y sorprendente, se me ha ocurrido la fecha del inicio de la acción de mi historia. Me he decidido por 1750, porque era idónea para el encuadre temporal de los dos personajes, y su significado simbólico, ya que fue el año en que se editó en París el primer tomo de La Enciclopedia. También he elegido un nombre para la protagonista, se llamará Teresa; y no me pregunteis el motivo de su elección, sencillamente me gusta.

miércoles, 24 de junio de 2009

Nueva novela, la tercera


Todos mis afanes literarios han permanecido durante bastante tiempo en un lamentable letargo, debido a cierta indolencia por mi parte, y también y en mayor grado, a la tormenta emocional que ha arrasado mi vida en los últimos años. Sin embargo, después de la tormenta viene la calma, como se suele decir, y por ende, poco a poco, ha ido instalándose en mi vida un sosiego y una benevolencia hacia todo, de la que, y podeis creerme, estaba muy necesitado. Mi afición preferida desde siempre ha sido amontonar palabras lo más ordenadamente posible, las más bellas y que mejor expresen mis emociones y pensamientos. Escribir prosa y poesía siempre fue el más ferviente y oculto anhelo que tuve, además de diversión favorita, que los malos hábitos que han jalonado mi vida la apartaban de cualquier proyecto literario serio que me propusiera. Aunque ahora esto terminó.
Pienso, como Thomas Mann, que una novela debe ser una historia cobijada bajo la gran sombra del árbol, que es la idea esencial. De momento, ésta la tengo ya, así como dos personajes y un vago proyecto argumental, que espero que progresivamente se vaya concretando y desarrollando, y por supuesto, también voy bien surtido de montañas de ilusión y ganas de darle al coco y a la tecla.
Surgió esta idea en el transcurso de una visita a Siétamo, cuna del Conde de Aranda, ministro de Carlos III, y uno de los políticos reformistas españoles más interesantes de la época de la Ilustración. Y como se trata de un paisano y su obra fue bastante progresista, me agradó su época para ambientar mi novela. Sin duda, es una tarea ingente y laboriosa, necesitaré muchas horas de soledad, silencio y reflexión. No me importa, porque amo, me gustan y motivan los retos difíciles.
He pensado anotar cada día en este diario cibernético acontecimientos y sensaciones que me depare el proceso creativo; los avances y retrocesos del proyecto, que siempre son convulsos; las terribles dudas que suelen acuciar al autor, los temores sucitados; la felicidad de un texto logrado a plena satisfacción, momento de íntimo gozo; y todo ello, compartirlo con vosotros. Espero asimismo que me sirva de ayuda para el desarrollo de mi proyecto literario, y sobretodo en el hecho fundamental del asunto, y éste no es otro que ir rehaciendo mi vida emocional golpe a golpe, piedra a piedra: volver a la estabilidad que tanto ansío, ya por fin definitiva. Cuando un adicto profundo, como es mi caso, abandona la obsesión enfermiza que ha llenado su vida durante largo tiempo, necesita rellenar su espíritu y su mundo interior otra vez, y con algo que colme realmente su centro de recompensa de placer en el hipotálamo, necesita que las endorfinas generadas por el propio cerebro, conduzcan hacia allí el placer suficiente para hacer olvidar la vieja adicción perniciosa y perturbadora que le atenazaba. Ese es el objetivo prioritario que espero alcanzar cuando ponga la palabra FIN a mi historia. El resto es secundario.
La idea básica de la novela es construir un friso, un retablo lo más aproximado posible sobre la dificil vida en la sociedad española durante el Siglo de las Luces, aquel Siglo XVIII de la frenética actividad política del reformismo ilustrado, que tanto influyó en toda Europa y América durante ese fascinante periodo de la Historia contemporánea, en que hombres sensatos y bien intencionados se esforzaban por construir un orden nuevo que mejorase las condiciones de vida de la gente, luchando por la supresión de desigualdades y la expansión de la educación, por una sociedad más igualitaria, que derribara los caducos mitos y creencias del Antiguo Régimen.

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Hola a todos, tengo in mente un proyecto de novela en cuyo desarrollo voy a comenzar a trabajar, y quiero compartir con vosotros todas las vivencias y emociones que surjan a lo largo de todo el proceso, que intuyo será largo, largo. La acción se desarrollará en el siglo XVIII, y uno de los personajes principales nació en este pueblo, cuya plaza principal podemos ver en la imagen.